lunes, 10 de junio de 2013

¿Qué somos?

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Si somos cómicos, hagamos reír.

Si somos doctores, curemos.

Si somos vendedores, vendamos.

Si somos publicistas, vendamos de forma llamativa.

Si somos cualquiera de las anteriores, seamos felices y dejemos el arte para los que mejor saben hacerlo.

¿En qué momento la publicidad se convirtió en el altar del ego y dejó de ser algo divertido para quien lo hace?

Amo la publicidad pero me cagan los roedores que la envenenan con críticas de juzgado penal, artistas frustrados. Amén.

domingo, 9 de junio de 2013

SOLA CONTIGO

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Hace unos años era adicta al sufrimiento, más que al café y a la Coca-Cola.

Y digo era porque, finalmente y después de llenar 6 ríos,  de desperdiciar palabras envueltas en los más frágiles pañuelos, después de gastar mi vida pensando que el problema era yo y mi -no se qué tengo de malo pero algo malo tendré- me cansé.

Sufrir es una ejercicio que si se practica a diario, te deja sin ganas de sonreír. La energía que implica presionar el abdomen, sorber con fuerza los mocos, tenzar la mandíbula, comprimir y descomprimir al corazón a ritmo de me ama, no me ama, resulta completamente agotador.

Dichoso y absurdo ejercicio, fuera de fortalecer nuestras defensas para no volver a contraer el virus del amor, nos hace más propensos a él, nos hace el blanco perfecto para caer una vez más en esa agonía humana que ni la ciencia más exacta ha podido explicar y que algunos mortales llamamos desamor.

Y es que después de años de chaca chacas al hipotálamo, de terapias espirituales, patológicas, psico-ilógicas y más de 6 mil litros de helado, yo me pregunto: ¿Vale la pena gastar un minuto más de nuestra increíble vida,  dándole respuestas, todas falsas a la pregunta eterna de ¿Por qué a mi?

En lo que entendemos las mil y un respuestas, tomo por tomo de una enciclopedia completa de los hechos por día, fecha, minuto y segundos de nuestra relación, lo más probable es perdemos de vista algún espectáculo digno del amor más grande como el de un niño besando por primera vez un helado de chocolate.

Mi vida cambió cuando se reveló en mi algo completamente real que me hizo darme cuenta de lo absurdo que suele ser esto de pensarse sola hoy, mañana y para siempre.

Me di cuenta que difícilmente podría sufrir más de lo que ya sufrí. Y que el sufrimiento no tiene nada que ver con el hecho de no tener a ese alguien.

Reflexioné y me hice a la idea de que cada derechazo bien puesto en nuestro corazón, genera un colchoncito protector contra el siguiente. Con lo cual, lo peor que uno puede pensar cuando recibe un nuevo golpe es: si ahora me duele este,  seguró el que viene me dolerá más. Nada más lejos de la realidad. Somos guerreros en el arte de ser heridos, pero no por eso unos perdedores.

Así que ante todo, díganle adiós a su espíritu lastimero,que muchas veces es mayor responsable de nuestro dolor que el dolor mismo.

El problemas es que insistimos en ver el amor como una ciencia. Queremos dominar sus reglas, como si con eso pudiéramos ser más certeros y exactos,

Como si con saber que el amor es un hecho que al reaccionar con el aire, el agua y la tierra, se hiciera más débil hasta desaparecer por circunstancias ajenas a la suma de individuos.

Pecamos de querer encontrar la razón en donde la razón no cabe.

A veces lo más simple es pensar que el amor es circunstancial, como que hoy me enamoré de un helado de cereza y mañana descubro que me empalaga.

También me cansé de actuar un papel diferente para gustarle a alguien, de jugar un rol incómodo para que el otro se sintiera cómodo, de ver qué estaban haciendo las otras princesitas para atraer a los machos, de jugar el papel de la niña estúpida casi manca que depende de las manos de un hombre para que su existencia cobre sentido.

Me cansé de pensarme todos los días, de analizarme en los momentos previos, durantes y después de un encuentro.  Me cansé de desmenuzar cada segundo de mis reacciones, mis sonrisas, mis palabras.

En pocas palabras me cansé de inventarme Carolinas, cuando la Carolina más auténtica, la más feliz y la que se divierte de serlo estaba hasta abajo tratando de salir a la superficie y agarrárse a madrazos con esas copias baratas que nada tenían que ver con la original.

El resultado me ha hecho vivir una de las mejores etapas de mi vida, tengo 31 años, no tengo novio, no tengo planes de casarme, ni de tener hijos, pero me siento afortunada de vivir lo que estoy viviendo y cómo lo estoy viviendo. Todo lo que tengo me da la posibilidad de sentirme en paz y feliz conmigo misma, una Carolina que sabe que su Romeo llegará en el momento que tenga que llegar y si no, pues qué pinche Romeo que se la perdió.