viernes, 11 de marzo de 2011

El monstruo se mueve


Llora y se inquieta
Se altera.
Nos quita el sueño
Porque él no lo concilia.

No es cruel,
Es solo un gigante de tierra y agua
Que sufre en silencio
Y que cada tanto nos pide
Que lo miremos.

Somos huéspedes de sus ramas
Y él, el mejor anfitrión.
pero hoy más que nunca
nos recuerda que somos de papel.

Con dedicatoria a Japón pero también a nuestro hermoso y herido planeta.

martes, 15 de febrero de 2011

DE CUANDO ME ROMPIERON EL CORAZÓN DE BALÓN

Todo empezó un 11 de junio de 2010, cuando tras 4 años de impaciente espera y como toda una novia tricolor, me desperté al cuarto para la hora de la inauguración de la Copa del Mundo. Con ojos de topo, a tientas, pero con el corazón encendido, me vestí de guapa para mi hermosa y adorada selección. Mil trecientos pesos de inversión en un out fit mundialero, a precio de “La negra que escasea, dásela cara a la güera”. Y fue así como firmé condena, de lo que se convertiría en otro capítulo más de la tragedia de amor, dolor, decepción, llamada Caro y su selección. En medio de un ambientazo de hogar, a base de café cargado, comenzaron a sentirse las palpitaciones de mi sistema nervioso, corazón en modo turbo y uñas para llevar comiendo, no sin antes abrir garganta con uno cuantos cocteles de endorfina y una pizca de adrenalina que me dieran fuerzas para gritarle a las dueña de mis quinielas, prosa sin censura a lo largo de 90 minutos de profunda agonía.

Y cuando menos lo esperaba, la seductora de seductoras, Doña Esperanza, se hizo presente, haciéndome caer rendida ante las palabras mágicas del Sí se puede. Porque lo hermoso de este corazón mexican pambolero es que sabe olvidar y cada Mundial espera que el amor más pasional sea consumado en la cima de la fe, esa que mueve montañas, mercados, países enteros, dólares, euros, pesos y demás monedas susceptibles a la venta del pueblo.

Ahí estábamos, yo y ese corazón que se salía por el pecho, que sentía que le arrancaban el alma a cada tiro, porque cada patada, cada error, es un pedacito de dolor que hace de esos partidos un placer sadomasoquista, sólo comparable con nuestro amigo, el chile habanero.

Y qué sensación cuando cae el primer gol, cuando caes vencido por el peso de la historia y cuando, encima de todo, los africanos se toman el tiempo para hacernos el baile de la vergüenza.

Aún con minutos de sobra para empatarles a los anfitriones, la selección hace lo suyo y tras pequeñas descargas de impotencia, ataca Don Papi Márquez con toda la furia, desplazando una de sus extremidades y concretando la jugada del gol para lo nuestros. Llega la primer descarga nerviosa pasando por cada una de las fibras de la felicidad: gritos, júbilo, mandíbula dislocada, pelos en punta, muslos apretados y cuerdas vocales haciéndola de bubusela humana.


Después de eso, la mirada es otra, el café pide convertirse en chela y los molletes en taco placero.

Así fue como culminó el primer partido, con un resultado que se antojaba injusto, pero al mismo tiempo misericordioso. No ganamos, no perdimos, solo cumplimos. Y mi corazón, ahora más de pollo, se derretía ante las repeticiones de ese gol que hizo valer los cuatro largos años de espera.

Conforme los días pasaban la expectativa se hacía cada vez más gorda, gracias a millones de mensajes vía intravenosa de todos los medios que se encargaron de introducirnos en un sueño opiáceo de guerreros aztecas conquistando tierras sudafricanas.

Al final, como si se tratara del décimo tercer episodio de la saga del heroico cuerpo de pamboleros, acabamos por aventarmos una vez más el drama de una película más donde pasa todo pero al final no pasa nada y donde después de todo te descubres como novia dejada, sudada y engañada una vez más por los espejos de la pasión de un sueño mexicano herido que solo se cura agregando unas gotitas de tequila con limón y sal.

sábado, 20 de noviembre de 2010

POST FIESTUM

A veces pasa que no puedo evitar sentirme amenazada por la edad a la que pertenezco y de la cual cada vez me siento menos parte. Trato de combatir contra las reglas de la social estructura y me parece que la envoltura patética de la juventud en éxtasis me pasa por la garganta, llegando a la ácida cueva de la bilis. Cuesta entender si todo es parte más bien de mis propios miedos y la autoflagelación de la menos querida Caro.

Pero no soy estúpida, siento, percibo y llego a conclusiones que pesan mucho más de lo que quisiera.

Es tan necesaria la atracción hacia un lado como hacia otro, sentirse tan increíblemente atraído por el sexo opuesto o por el mismo, es tan natural como urgente el que exista una persona, ser, quimera o experimento que no me haga el feo y que contemple mi belleza aunque sea la intelectual, espiritual y ya si se pone guapo, la física.

Se busca roto para descocida. Créanme, no quisiera firmar así mi epitafio.

Confío que el camino tan hermoso por este capítulo que es la vida, me tiene una sorpresa, ignoro si es de la talla M ó F, pero sólo intento demostrarme que puedo dar y que el egoísmo no está a prueba.

Desisto cada vez que me enfrento a esta masa de hormonas masculinas en busca del coito barato y pasajero.

No quiero ser carne en oferta para los buitres, pero me lleno la cabeza con demasiados porqués y cómos que incomodan y me dejan en un trance chaquetero que se acentúa al ritmo del pum pum pum de una música vacía y una luces intermitentes tan presuntuosa que da vergüenza sólo el hecho de ser iluminada por ellas.

lunes, 4 de octubre de 2010

La carretera


Viajar por carretera en camión es una de mis actividades favoritas. Encuentro fascinante ser la compañera de viaje de personas, anónimas con destinos, todos ellos posibles e historias que van de un lugar a otro, dejando huellas que se van evaporando a medida que se rompen las distancias.

Contemplar los paisajes como quien observa el lienzo interminable de una obra de arte, es una sensación tan gratificante para los ojos que cuesta mucho conciliar el sueño.

Formas perfectas e imperfectas, colores, sombras, segundos planos, aire, maleza, vida. Figuras humanas en miniatura perdidas entre un millón de texturas, el simple hecho de dejar una a una, estas figuras que son los protagonistas de un millón de historias, me llena la cabeza de preguntas tan increíblemente ricas en respuestas y a la orden de mi imaginación.

domingo, 5 de septiembre de 2010

El cielo amaneció llorando

¿Cómo se puede asumir la pérdida de alguien que te salvó la vida?
¿Cómo secar las lágrimas? ¿Cómo volver a empezar?
La noticia me causa un espasmo que por momentos me deja sin aire. Como si una parte de mí se hubiera ido con ella. Apenas ayer le platicaba mi vida, mis avances, lo feliz que me sentía, que era tal mi avance que podría pensar que me tomé algo como cuando lo haces para aliviar un achaque de menor importancia.

Hoy la noticia cayó acompañada de una lluvia mañanera. Lilia Romano, había muerto. Aquella a quien la debo la Carolina que soy y con quien apenas hace poco más de un mes, volvía a retomar un camino que no había terminado de recorrer, desde aquella primera vez hace 12 años.

Son tantas las preguntas, tantos los sentimientos que me cuesta trabajo ordenarlos, ordenarme, ahora mismo escribo, borrando a cada paso. Estoy nerviosa y temo mucho que mi vida deje de fluir, me aterra pensar en cómo va a tomar esto mi cuerpo, mi sangre, mi inconsciente, mis monstruos. Deseo con todo mi corazón que la gran enseñanza que ella me dejó en vida persista y que sus palabras acompañen cada uno de mis actos, como reflejos del ejercicio natural de mi supervivencia.

Las palabras más adecuadas no surgen tan fácilmente. Mi cabeza está atascada, completamente abrumada, buscando respuestas, esas que Lilia sabía exactamente.

Por ella y por mi tengo que seguir en este trabajo que intenta rescatar mi esencia, sin máscaras, ni rencores, debo escalar tanto como pueda y viendo hacia adelante, fluir.

Dios mío, qué difícil, ahora mismo he pasado de un sentimiento de profunda tristeza a autocompasión y finalmente rencor.

Y las palabras de Lilia siguen llegando a mí como ecos de la memoria. Sé Lilia, cuánto me conociste, más que nadie en este mundo, más que yo misma.


Te agradezco infinitamente tus palabras, tu inteligencia, tu manera de proyectar paz, tu honestidad, franqueza, tu insistir a cada momento en que dejara de lastimarme, de sentirme la mujer más malvada de este planeta. Pero sobre todo gracias por escuchar y recordarme que lo más bello de este mundo está en mi interior.

miércoles, 23 de junio de 2010

Octava, más no la vencida.

Ocho conciertos después y las emociones de ver al gran salmón se han transformado en un intento de encontrarle más significado a los espacios sin letra y a los silencios que intentar sonar más.

Vivir la gira como una probadita relámpago de las nuevas vibraciones me pasó como un chubasco, en medio de la locura de un mundial, el trinufo sobre los franceses y lo ácido, grosero, pestilente y demandante de un trabajo que no me deja espacios para disfrutar esos momentos contaditos que al segundo siguiente se van.

El jueves fue perfecto, empezó con una llamada del Niño, invitándome a su primer concierto, siguió con un grito de gol al cuadrado y terminó con un brindis en el backstage con la banda On the rock.

La noche fluyó bautizada por la fuerza de la marea a contracorriente, esa que no se espera pero ataca cada que puede, llegándote al rinconcito del éxtasis.

Andrés, como nunca, más alegre, más platicador, con esa mirada penetrante que con sólo unos segundos te encuentra desarmada, es como si te encuerara el alma y desmenuzara cada centímetro cúbico de tus pensamientos. Simple metáfora, nada más.

Ahora éramos más: Más chichis, más nalgas, más risitas nerviosas. Fue como verme reflejada en un deja-vu de pubertas alocadas, pidiendo a gritos la mordida del rockstar para consolidarse como la Groupie encantada de la noche.

Pero el reencuentro lo valió, hace apenas unos meses lo vivía con la gloria de mi primera vez, pero ahora, le tocó el turno a la gloria del reencuentro, esa que me dejó saber que tengo un espacio en la memoria de esos admirables terrestres que protagonizan el mundo del rock, pero que al final son personas de carne, hueso y mucho corazón.


I`ll be there.

domingo, 16 de mayo de 2010

Hermoso mayo

Mayo, el mes que todo lo recompensa.

Parece que la suerte del abandono me complace y me consiente

Desde hace ya 12 años existe un regalo divino constante

Traducido en momentos, en sueños, en rock.

Basta con imaginar a Paul y Charlie con epecial dedicatoria para Nacho

El otro Nacho.

Y para mí, la felicidad compartida.

Esa que reparto a veces con egoísmo, a veces con despilfarro.

Sí, quisiera que estuvieras y poder llenarme de gusto por los pequeños y nobles detalles de la vida.

Pero hace una adolescencia que no estás.

Por poco y me gana el olvido

Pero como espasmo, el instinto del amor todo poderoso

me hizo recordarte un día antes de aquél 9 mayo.

Te extraño mucho Babito.